Resulta que ahora los lumbreras de Izquierda Unida han decidido que no les basta con ese pseudocirco que llaman “Refundación de la Izquierda” y han pensado en que sería deseable cambiar el nombre del partido cuando todo el proceso de cambio acabe.
Cambio, con cursiva, porque los encargados de ese partido están sumidos en un inmovilismo absoluto: Se podría decir que ellos están en una autopista, con el automóvil parado, y al ver que todos los demás coches se mueven creen que también están dando pasos adelante… y por mucho que les piten no se dan cuenta de que no van a ninguna parte defendiendo tesis de hace 100 años, tesis por otra parte que aún no he visto funcionar de forma correcta por mucho que cierto descerebrado considere deseables los rasgos de los países bananeros tipo Cuba o Venezuela.
Dicen en su ponencia, redactada por el Secretario de la Refundación de IU (¡Toma ya, tienen un cargo sólo para eso!), que sería algo positivo, y cito textualmente de la noticia publicada por El Mundo:
Construir una organización “de nuevo tipo” [e invitar a unirse a] ecologistas, comunistas, socialistas de izquierdas, republicanos, nacionalistas de izquierdas, etc…
…Lo que viene a llamarse, al menos en Asturias, casa de putas donde nadie tiene que ver con nadie y al final sólo se llega a un engendro frankesteiniano que lo único que conseguirá hacer es fomentar el estupidismo de ciertos sectores que piensan que por ser de izquierdas no puedes defender la unidad de la nación, que si eres de derechas no puedes ser republicano y alentar a ciertos sectores de la caverna mediática de la derechona que aprovecharán para comparar esos supuestos “socialistas de izquierdas” con los comunistas, invocar a Corea del Norte y meter miedo a todo el mundo diciendo que si votan socialismo vendrá un Kim Jong-Il que nos someterá a todos. Y todo eso en una sola jugada. Vamos, todo un logro.
Desastres y catástrofes varias aparte, me gustaría poder hablar con quien dirige el marketing del partido. ¿Han oído hablar de eso llamado branding? ¿Están en su sano juicio proponiendo un cambio de nombre (por mucho que quieran limpiar esa imagen de perdedores y perritos falderos del PSOE que actualmente tienen) ahora que por fin están consiguiendo levantar un poco la cabeza en las encuestas después del desastre de las Generales de 2008? ¿En serio pretenden presentarse bajo una nueva marca (y por ende desconocida) a las próximas elecciones, cosa comprensible si tuviesen a un líder carismático, fuerte y conocido, pero inexplicable si tienen al frente a alguien desconocido hasta para sus votantes?
En fin, salimos de una Izquierda Unida en la que cada federación de cada Comunidad Autónoma defiende lo que le da la gana, a veces incluso contradiciendo al resto del partido, sin tener un mensaje unitario, para entrar en un partido desconocido en el cual cada federación de cada Comunidad Autónoma defenderá lo que le dé la gana, a veces incluso contradiciendo al resto del partido, sin tener un mensaje unitario.
Plas, plas.
Podría comenzar este post comentando las noticias de actualidad y exponiendo el punto de vista de UPyD sobre el tema en cuestión. Podría comenzar este post detallando las más de 400 iniciativas parlamentarias llevadas por nuestra portavoz, Rosa Díez, al Congreso de los Diputados. Podría comenzar este post hablando de la incapacidad de los líderes de los partidos convencionales para llegar al consenso en una época tan dura y llevando al país a la ruina. Podría comenzar este post de mil maneras distintas, pero creo que la forma más sencilla de deciros por qué es tan importante que os unáis al proyecto de Unión, Progreso y Democracia es exponer por qué lo hice yo.
Desde siempre me había encontrado huérfano de partido político. No me identificaba ni con uno ni con otro, porque, a pesar de que los partidos mayoritarios intentaban mostrarse como los polos opuestos de un imán, siempre vi que eran el mismo perro con distinto collar, color y siglas: Empeñados en manipular a la sociedad a su conveniencia, en apoltronarse en el trono de mando, en politizar la justicia, en legislar a su favor pero no en beneficio del resto de ciudadanos, en acomplejarse por sus problemas territoriales y en acordar hipotecarse con los partidos nacionalistas. A pesar de ello mi interés por la política era muy pequeño, si no inexistente, y asumí que eso no cambiaría.
Conforme fui creciendo fui dándome cuenta de que nada de lo que había a mi alrededor funcionaba. Vi cómo los jóvenes con carreras se quedaban en el paro porque se había adoptado el modelo de crecimiento del ladrillo, vi cómo el adoctrinamiento en las escuelas aumentaba, vi cómo los políticos secuestraban los votos de los ciudadanos haciendo que valiesen menos dependiendo de dónde y a qué se votara, vi cómo esos mismos políticos se aumentaban su millonario sueldo mientras hay miles de personas que no llegan a fin de mes, vi cómo crecían 17 reinos de taifas que egoístamente pedían más y más dinero para mantener su propio esqueleto, vi cómo los ciudadanos no tenían los mismos derechos en todos los lugares de mi país, vi cómo se destinaban más y más fondos a la escuela concertada en detrimento de la escuela pública, vi cómo la religión católica seguía en las escuelas, vi cómo el Estado protegía a quien más tenía y no a quien más necesitaba…
Vi tantas cosas que llegué a mi punto de ebullición. Vi tantas injusticias, tantas políticas miserables, tanto ombligismo, tanto pacto invisible entre los partidos para que nada cambiase, tanto freno al progreso y tantos insultos al conjunto de la ciudadanía que me harté. Me harté y me dije que esto no podía ser así y que debía hacer todo lo que estuviera en mi mano para intentar que nuestra situación cambiase, para que los ciudadanos volviésemos a tomar las riendas de nuestro país y para dar un golpe sobre la mesa y decir a nuestros representantes políticos que no vamos a aceptar que continúen por el camino que están creando.
Y en esta tesitura tuve la inmensa suerte de encontrarme con más personas que pensaban como yo. Resulta que en el desierto político no estaba sólo yo, sino que había todo un oasis, un sector de la sociedad comprometida, trabajadora y concienciada que creía que las cosas no estaban funcionando y que necesitábamos una regeneración de nuestra vida política. Tuve la inmensa suerte de encontrarme con esas personas, compañeros ahora de trabajo no remunerado y de horas de esfuerzo para dar a conocer nuestro proyecto, en torno a un proyecto político: Unión, Progreso y Democracia. UPyD.
Creemos que estamos a tiempo de dar un giro de 180º y convertirnos en un país moderno. Creemos que podemos conseguir que todos los ciudadanos sean iguales, que podemos conseguir que nuestra educación sea una de las mejores de Europa alejándola de complejos y adoctrinamientos, que podemos devolver las instituciones a los ciudadanos porque son esas manos, las nuestras, las que nunca debieron dejar de manejarlas.
Creemos que podemos cambiar las cosas. Queremos cambiar las cosas. Pero, para ello, necesitamos la mayor de las ayudas posibles: La tuya.
Nuestros medios son sencillos, nuestros recursos son escasos, a cambio de tu apoyo sólo podemos dar mucho trabajo, y, en todo caso, la satisfacción de estar con gente que piensa como tú y que también quiere cambiar el rumbo del barco antes de que choque contra el iceberg. Pero tenemos algo de lo que ningún otro partido político puede presumir: Tenemos las ideas claras y decimos lo que pensamos. Sin complejos y sin miedos.
Si piensas que necesitamos una regeneración democrática e institucional para poder sentar las bases de una España innovadora, competitiva y moderna, no estás solo. Estamos aquí y pensamos exactamente lo mismo. Ya no hay tiempo para excusas, ya no hay tiempo para mirar para otro lado, es hora de entrar en acción. Puede que lo consigamos o puede que fallemos en el intento. Si lo conseguimos, todo nuestro esfuerzo y nuestro trabajo habrá dado resultado. Si fallamos, sabremos que lo hemos intentado y tendremos la certeza de que otros, y quizá algunos de nosotros también, lo intentarán tarde o temprano de nuevo. Pero a pesar de esa incertidumbre seguiremos trabajando, con ilusión, fuerza y ganas para intentar crear los cimientos de un país más justo y más democrático. Y para ello te necesitamos.
Porque tu ayuda es necesaria. Porque eres necesario.
Nada me decía que al empezar el día fuese a ponerme en modo Amaia Montero, pero ha sido leer una noticia sobre los asesores del Presidente del Gobierno y ponerme a tararear una de sus canciones.
Resulta que nuestro Zapatero tiene ni más ni menos que 656 asesores, ahí es nada. Supongo que ese número estará cuidadosamente elegido para que sea capicúa. De ellos, 233 son titulados en bachiller elemental, 130 en graduado escolar y 66 tienen el certificado de estudios primarios.
Y pensando, pensando, me he dicho que si de esos 656 hay tantos que están por debajo de mi nivel académico (de momento bachiller, en vías de una ingeniería superior) yo también puedo serlo. Soy una persona bastante trabajadora y con unas ideas progresistas y moderadas (aunque, si me guiara por lo que me han llamado, tengo un espectro ideológico muy amplio: Desde radical de izquierdas -dicho por uno de esos señores de crucifijo al cuello y misa dominical- hasta fascista-franquista-centralista-opresor -dicho por un perroflauta con rastas, ropa ancha y sucia y un perro pulgoso cuando me escuchó utilizar el castellano en lugar de hablar bable) así que creo que doy bastante el perfil que supongo que buscan en Moncloa (aunque quizá para cumplirlo a rajatabla debería estimular un poco la glándula de la procrastinación).
Claro, yo, que soy un alma cándida e inocente, dándole vueltas a la cosa he llegado a la conclusión de que debe ser muy complicado encontrar a tantas personas de tantos niveles académicos (y supongo que ideológicos, ¿O son todos de la cuerda y se pasan el tiempo dorándole la píldora al presi?) diferentes sin recurrir al enchufismo typical spanish, así que he empezado a navegar por la web del Ministerio de la Presidencia a ver si había algún formulario para presentarse como asesor, pero no he encontrado nada. Tampoco he sido capaz de localizar dirección alguna para enviar mi Currículum Vitae, aunque la mitad del folio se quedase en blanco, así que al final creo que lo mejor será dar mis consejos online, una especie de asesor dospuntocero (que ahora eso se lleva mucho) y a ver si con suerte me leen por ahí y me dan ese sueldo que me vendría tan bien.
Yo creo, señor Presidente, que una de las claves que hace que un país democrático sea próspero es la formación de sus ciudadanos. Vamos, que hay que mejorar la Educación, porque es un absoluto desastre. Como no creo que la educación deba ser una pizarra a borrar con cada cambio de gobierno, me atrevería a apostar por un pacto educativo que no reduzca la educación a una simple ley cambiante, sino que la convierta en un pilar básico de una sociedad formada y culta (aunque cueste, que soy consciente de que uno de los ídolos nacionales es la Esteban).
Además no me gusta la desigualdad, y, visto lo visto, creo que dividir la competencia de Educación en 17 trocitos y dar uno de ellos a cada Comunidad Autónoma ha sido una mala idea, porque ha servido para que haya unas monstruosas diferencias entre el nivel educativo y la inversión por alumno dependiendo de la Comunidad y para que se adoctrine al alumnado en un sentido u otro dependiendo del gerifalte autonómico, por lo que incluso me decantaría por una centralización de la competencia de Educación para garantizar unas bases iguales en todos los territorios de España (garantizando, por supuesto, la enseñanza de diversas asignaturas exclusivas de algunas Comunidades, como las lenguas cooficiales, quizá mediante un comité en el que se integre una representación estatal y una autonómica).
Sobre las creencias del Estado… hombre, no somos nadie para decir a la gente qué debe creer, pero con eso de que ahora hay un montón de gente de fuera, y que la gente nacida dentro del territorio nacional cada vez necesita menos la religión y cada vez se aparta más de ella… Yo creo que lo mejor sería un Estado totalmente laico, en el que tengas los mismos derechos seas católico, judío, musulmán o pastafarista. Claro, de un plumazo te quitarías el problema de tener que pagar a esos profesores de religión que no se escogen por oposiciones sino que entran porque la Iglesia lo dice porque obviamente la religión quedaría fuera de las escuelas públicas. Menos adoctrinamiento y más fondos para otros menesteres, como la renovación de materiales, acondicionamiento de edificios…
Además eso supondría eliminar el Concordato con el Vaticano, ¡Imagínate cuánto dinero nos podríamos ahorrar para dedicarlo a cubrir mejor las necesidades básicas de nuestros ciudadanos! Podríamos, claro, seguir sosteniendo financieramente algunos puntales como el mantenimiento de los templos (Vamos, mantener en buen estado las catedrales y demás) e incluso hacernos cargo financieramente de la obra social que ejerce la Iglesia (lo que viene siendo Cáritas), pero ese ahorro que tendríamos al no tener que regalar dinero a la Iglesia para que lo gaste en mármoles y sueldos de magufos sería estupendo para cubrir, por ejemplo, la financiación de la Ley de Dependencia (o para no tener que congelar las pensiones).
También podríamos hablar un poco de Sanidad: En un mundo en el que cada vez hay menos barreras, y en una unión de países en la que existe una Tarjeta Sanitaria Europea, es ridículo que más de 7 millones de personas no puedan ser correctamente atendidas fuera de su CC.AA. O que tengas problemas para que te atiendan en otra Comunidad Autónoma por ser desplazado, cuando estás dentro de tu propio país. O que algunas Comunidades no tengan ni un duro para Sanidad porque el dinero se dilapida en, por ejemplo, nombrar a dedo centenas de altos cargos. O que algunas Comunidades privaticen la sanidad. Lo siento por mi osadía, pero yo también centralizaría la Sanidad para garantizar un servicio adecuado a todos los ciudadanos independientemente de donde vivan. E incluso me gustaría que Europa implantase un modelo sanitario similar al español y que las competencias sanitarias de todos los estados pasasen a ser cosa de la UE.
Por cierto, una de las máximas de la Democracia es esa famosa frase de “Una persona, un voto“… ¿Verdad? Cumplámoslo pues. Que mi voto valga lo mismo, vote al PNV en el País Vasco, a IU en Asturias o a UPyD en Extremadura. Que los votos no estén secuestrados por los partidos políticos, que no se nutran de la representación que en realidad corresponde a otras formaciones políticas. Que los ciudadanos tengan garantizado su derecho a elegir grupo político sin que sus votos estén menospreciados y minusvalorados.
Que se garantice la independencia del poder judicial. Que los ciudadanos puedan elegir la lengua a utilizar. Que no se oculte la realidad económica del país. Que no se mienta. Que se antepongan los derechos de los ciudadanos a los intereses partidistas. Que las leyes anticorrupción se endurezcan. Que se garantice la igualdad sin discriminar a ninguno de los dos sexos. Que haya igualdad de derechos sin importar la orientación sexual. Que no se tengan complejos a la hora de revisar si las competencias transferidas funcionan o deben volver al estado central, como sucede en Alemania. Que las Comunidades Autónomas tengan las mismas competencias para que los ciudadanos tengan los mismos derechos.
Que las cosas funcionen. Ese sería mi consejo como asesor.
(Y por eso no me contratarán, claro)
Hace años, en Asturias, se produjo una situación inverosímil: Quienes vivían de la minería se levantaron y convocaron huelgas y piquetes coordinándose entre ellos, llegando a escenas increíbles en las que los representantes sindicales solicitaban que los trabajadores entrasen a su puesto de trabajo mientras éstos se negaban y convocaban paros, manifestaciones y movilizaciones (más de una, de dos y de tres acabadas de forma violenta debido a la creación de “guerrillas urbanas” compuestas por los trabajadores de HUNOSA) al margen de quienes en teoría deberían luchar por ellos.
Este clima propició que finalmente los sindicatos despertasen y comenzasen a luchar de verdad. No se entendía que un sindicato no luchara por sus afiliados, afiliados que estaban perdiendo días y días de jornal por conseguir un futuro.
Hoy nos encontramos en una posición comparable. Estamos al borde de los 5 millones de parados, van a llevarse a cabo recortes incluso en el campo farmacéutico, bajarán de media un 5% el sueldo de los funcionarios y se congelarán las pensiones. Como siempre, quienes menos culpa tienen son los que pagarán la crisis, quienes harán el esfuerzo y el sacrificio, esfuerzos y sacrificios que hubieran podido ser infinitamente menores si quienes llevan las riendas del país hubiesen admitido nuestra situación económica y hubiesen trabajado por evitar el naufragio nacional.
Mientras tanto, las Comunidades Autónomas siguen derrochando dinero sin que sean controladas (Como los altos cargos a dedo que pretendía implantar el Principado de Asturias, por suerte decisión anulada por la Justicia). Mientras tanto, el dinero que debería utilizarse para Sanidad, Educación y demás servicios ha sido entregado a los bancos. Mientras tanto, el Gobierno de Zapatero está hipotecando al Estado, es decir, a todos nosotros, con iniciativas para crear falso empleo utilizando dinero público, empleo centrado en el ladrillo y que se acabará cuando se acaben las subvenciones. Y, mientras tanto, los sindicatos están subvencionados para comprar su silencio.
Hace años, en Asturias, se produjo una situación inverosímil: Los trabajadores se dieron cuenta de que nadie iba a luchar por ellos si ellos no empujaban a que lo hicieran.
¿Tiene la ciudadanía española los ojos suficientemente abiertos para ver lo que vieron estos mineros? ¿Se repetirá la historia o todos nos quedaremos callados, tragando con la mala gestión de quienes están llamados a representarnos?
Y si al final la segunda opción es la que finalmente se hace realidad…
Señores…
¿Qué nos queda?
Actualización: Tras el día de ayer, día en el que se habló mucho de llevar a cabo una huelga general de funcionarios al margen de los sindicatos, los mayoritarios convocan huelga general de funcionarios. ¿Estarán despertando por fin?
Sobre las huelgas mineras en Asturias: Asturies Minera (Me refiero a los eventos de 1987 y 91-92)
Supongo que por el título y la fotografía ya está más que claro de qué voy a hablar en este post. Soy totalmente consciente de que el tema ha sido tratado decenas, cientos de veces en los últimos días, y de que, quien más o quien menos ha leído varios artículos o noticias posicionadas en los ambos bandos de este caso. Por eso, voy a ser todo lo breve que pueda.
Independientemente de reglamentos internos, de prejuicios (ya existan o no) y de toda la parafernalia que ha rodeado la noticia, creo que la clave de todo esto es si tener unas determinadas creencias justifica el incumplimiento de ciertas normas. No estamos hablando de un colegio privado, que no tiene obligación de ser aconfesional como el Estado: Estamos hablando de un instituto público, pagado por todos nosotros.
Yo soy de la opinión de que las normas son iguales para todos, rindamos culto a una cosa o a otra. ¿Por qué un musulmán debe tener más derechos que un cristiano o un ateo? Si el reglamento del Régimen Interno impide llevar la cabeza cubierta, es algo aplicable a todos: Ya sea una atea que quiera llevar una gorra, un judío que quiera llevar un kipá o una musulmana que desee cubrir su cabeza con un pañuelo. Y es que no es una norma que esté por estar, es que nadie puede garantizar que no tenga puestos unos auriculares en clase o un pinganillo en un examen y que se esté valiendo del velo para taparlos.
¿Es esto coartar la libertad religiosa, como estoy leyendo en algunos lugares? Pues yo creo que no. Nadie ha impedido a la chica de la noticia seguir creyendo en Alá, en Mahoma o en lo que sea. Lo que le han impedido es taparse la cabeza porque las normas no lo permiten. Igual que al ateo, igual que al judío. Porque la religión no te da más derechos. Ni uno.
Vaya por delante que condeno totalmente el franquismo y estaría encantado de que se investigase y juzgase a los franquistas que aún quedan vivos por sus delitos. Eso, que no se dude.
Sin embargo, pese a que ese sería mi deseo, no puedo estar del lado de un juez que se salta la ley. Actualmente en España tenemos vigente la ley de Amnistía del 77 y el carácter de no-retroactividad en las consideraciones como delito, por lo que, según nuestra legislación, lo que sucedió durante el franquismo no es investigable. Y Garzón se saltó esa barrera, la barrera que separa la legalidad de la ilegalidad. Prevaricó considerándose competente para investigar crímenes del franquismo cuando no lo era. Y por eso está sentado ahora en el banquillo de los acusados.
No me valen las estúpidas excusas y los ataques al Estado de Derecho de aquellos que gritan a los cuatro vientos que “El Supremo es un instrumento del fascismo”. Señores, séalo o no, la propia esencia del Supremo obliga a considerar como justas (aunque no lo sean) y válidas las leyes que están aprobadas por el Congreso de los Diputados. Y, nos guste o no, la Ley de Amnistía (y la Constitución) fueron aprobadas por el Congreso, por nuestros representantes políticos.
Son los partidos políticos (fundamentalmente PSOE y PP) los que impiden que los crímenes del franquismo sean investigados. Son ellos los que no desean derogar la Ley de Amnistía y llevar a cabo la reforma Constitucional necesaria para que esos crímenes sean juzgados y los criminales, sentados ante el banquillo.
Mientras los partidos políticos no se pongan de acuerdo en la reforma necesaria, investigar este tipo de crímenes será ilegal. Y, por tanto, quienes lo intenten serán juzgados -y condenados si procede- sea quien sea el denunciante: Sea Manos Limpias, Falange, o Perico de los Palotes. Porque si los partidos políticos hubieran reformado el Sistema, nadie tendría la posibilidad de haber demandado a Garzón por investigar el franquismo.
Mientras tanto, para disimular, numerosos cargos del PSOE se sitúan al lado del juez mientras que no hacen nada para que la situación cambie. Señores, ¿Pueden deletrear la palabra “coherencia”?